Bonsai en el Trópico

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BREVE HISTORIA DEL ARTE BONSAI 

El bonsái nace en China, donde se denomina Penjing. Los datos clásicos oficiales sacados de la pintura y de la poesía remontan al siglo VI d.c. el nacimiento del arte bonsái, pero ya naciera en el periodo neolítico, en la dinastía  Shang o más tarde, el origen está en la reproducción en pequeño de montañas sagradas acto de por si mágico, en estos tiempos está unida a un deseo de poder, realidad válida ya sea en un contexto mágico y religioso, ya en un contexto estético y artístico.

En la dinastía Ming (1368-1644) y Ching (1644-1911) el penjing se difunde en toda China, también entre la clase media y aparecen los distintas escuelas que divididas por provincias dan su nombre a los distintos estilos del penjing chino. Entre ellas la famosa escuela de Shanghai con sus característicos troncos huecos o a la escuela de Ling-nan con su método de cultivar las ramas en zig-zag.

El bonsái llega a Japón procedente de la cultura china en el periodo Helan (194-1185), cuando en este país discurría la refinadísima cultura de la dinastía Sung.

Los primeros contactos entre el país del sol naciente y China se habían producido durante los años (221-206 a.c.) en el famoso viaje del mago Hsu Fu, enviado por el emperador chino a Japón en busca del elixir de la vida eterna.

Pero es con la llegada a Japón de los monjes del budismo Ch´an en el siglo XI, cuando entraron, con ellos, los primeros bonsáis. 

Muchos historiadores opinan que la primera prueba auténtica de la presencia del bonsal en Japón es el pergamino llamado “Salqyo monogatarl emaki” del año 1195, al principio de la época Kamakura, en el que se relata la vida del monje Salgyo, y donde en una imagen se muestra un bonsai de estilo chino.

Otro famoso documento es la obra teatral Hachino-ki, literalmente “La historia de los árboles de maceta”, de Sean (1363-1443(, que cuenta la célebre historia del sacrificio de los bonsáis de un samurai, acontecido durante una glacial noche de invierno del año 1383. Esa noche, el samurai recibió la visita del Shogun y ordenó a su mujer arrancar sus tres bonsáis para quemarlos y calentar así a su ilustre huésped. El uso del bonsái y su sacrificio para narrar la hospitalidad japonesa y su cultura muestra, como en la época Muromachi, el bonsái era tenido en mucha consideración.

En el 1113 se publicó el libro “Jushu hiden Kakyo” que significa “espejo de flores”, escrito por el famoso He raga Gennal, donde se incluye un capítulo sobre árboles y paisajes de maceta, y donde por primera vez se emplea el término bonsái, árbol en maceta.

Al principio del siglo XIX la difusión del bonsái fue enorme, se editaron muchos libros y hacia el final del periodo Edo, que marca el paso del Japón feudal a la modernidad, el bonsái cala en el pueblo. 

En 1934 se inauguró el primer Kabufu (viento del Japón) que todavía hoy es la exposición bonsái más importante del mundo. Fue bajo el gobierno Meiji (1868-1912) cuando se aclaró e hizo oficial que el bonsái es una forma de arte a todos los efectos./

Entre los árboles de la colección del emperador de Japón se conserva un famoso pino, llamado  SANDAISHOGUN-NO-MATSU, que ya fue propiedad del Shogun Iyemitsu (1604-1615). Hoy está plantado en una maceta de la época (400 años). Es quizás el árbol bonsái existente, con mayor valor histórico, es testigo histórico de una cultura milenaria. 

Pese a toda esta carga de espiritualidad y simbolismo, no es preciso ser un asceta o un intelectual para cultivar bonsái. Los occidentales practicamos el arte bonsái como una forma de conexión con la naturaleza y al mismo tiempo de ruptura con el estrés que el ritmo de vida actual nos provoca, sin implicación de matices religiosos o culturales. 

Muchos han llegado al bonsái como evolución natural del cultivo de otro tipo de plantas, tan habitual en nuestra cultura. De hecho, todo aquel capaz de cuidar plantas es capaz de hacer bonsái, siempre y cuando aplique constante y metódicamente las técnicas del cultivo y modelado correctas. Podemos afirmar que no es simple, pero tampoco es difícil hacer bonsái y también se puede afirmar que el bonsái es tan caro o tan barato como se desee.